Desde la presa del Pontón de la Oliva

Esta excursión de senderismo,  desde el Pontón de la Oliva hasta el Cancho de la Cabeza, pasa  por uno de los paisajes más variados y llamativos de la comunidad madrileña, enclave de una obra fluvial pionera en su especie -la presa del Pontón de la Oliva– y entorno de gran belleza por los meandros que conforma el río Lozoya, a lo que se añade el reto de ascender al Cancho de la Cabeza (1264 m), para dominar todo el escenario del embalse del Atazar y sus alrededores.

En el trayecto remontaremos por senda el río Lozoya, entre paredones verticales de roca caliza, primero, y  laderas de pizarra, después. Posteriormente el paisaje se abre y discurre por un precioso bosque de rivera, bastante bien conservado. Pasaremos muy cerca de la presa de la Parra y subiremos hasta el antiguo poblado del Atazar, agrupación de viviendas y edificaciones auxiliares levantadas para acoger al personal vinculado a la construcción del embalse.  Allí llegaron a vivir casi un centenar de familias hasta que, en 1994, lo abandonó la última en dejar tal asentamiento, para instalarse la mayoría de ellas en los pueblos de alrededor.

Desde este  poblado, accederemos por sendas al mismo Cancho en poco tiempo. Desde aquí , dominamos todo el paisaje del embalse del Atazar y su accidentada orografía, llena de entrantes por los barrancos y gargantas que conforman sus orillas. Este embalse , último de los proyectados durante el franquismo, se construyó entre 1.965 y 1.972, y es el mayor de la Comunidad de Madrid

Presa del pontón de la Oliva

Es la presa más vieja de la región. La primera de cuantas se construyeron para abastecer de agua serrana a la capital, aquel Madrid de mediados del siglo XIX que dependía de 900 aguadores para beber, lavarse la cara y poco más, pues el consumo diario per cápita era de diez litros. Dos mil reos bregaron desde 1851 hasta 1857 para levantar esta muralla de 72 metros de longitud y 27 de altura, y todo para nada, pues al poco de inaugurarse, se descubrió que el río se filtraba por ignotas cavernas y pasaba de rositas bajo ella, vaciando el embalse. Una presa hecha por presos y con fugas, curiosa paradoja.

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