Montaña, Senderismo

Entrenamiento para hacer senderismo y montaña

ENTRENAMIENTO para la montaña ( senderismo, montañismo…)

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Desde luego el mejor entrenamiento para la montaña en cualquiera de sus modalidades es salir a la montaña. Pero dado que hemos estado confinados durante tanto tiempo habremos perdido cierta forma física y algo de fuerza. Haber hecho algo de ejercicio casero; bicicleta estática, gimnasia, «pasilleando» o subiendo escaleras, no nos habrán sentado mal, pero son insuficientes. Tendremos que establecer una serie de rutinas diarias o al menos de cuatro días a la semana. Algunos ya lo están haciendo caminando o corriendo por algún parque.
Estos ejercicios harán que tus rutas o actividades en la montaña sean más seguras, las disfrutes más y con menos riesgo de lesiones.

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Para mejorar la RESISTENCIA,  el «Cardio»… nada mejor que caminar, pero eso si , buscando zonas con cuestas y a un buen ritmo. Si puedes andar por caminos de tierra mejor y en ocasiones por superficies irregulares. Que todo no sea caminar por la acera y al mismo paso. Si llevas una pequeña mochila con algo de peso, tu ejercicio sera más eficiente y se parecerá más al que hagas en la montaña.

Si ya corrías antes, puedes intercalar caminar con correr, pero sin excesos. Siempre de menos a más para evitar duras agujetas y lesiones como las típicas contracturas. Si no corrías, ojo, empieza solo con cinco minutos y sube progresivamente el tiempo y la velocidad sin prisas. (Y si tienes dudas por cualquier circunstancia, NO CORRAS y cuando puedas, un chequeo médico no estará de más) También las salidas en bici al aire libre o seguir con la bici estática ayudarán a mejorar nuestra resistencia cardio vascular y si hay cambios de ritmo o cuestas también la fuerza y la parte anaerobia del ejercicio. 

 

Aparte de subir cuestas viene muy bien bajarlas, para ejercitar la musculatura de FRENADO con pasos cortos y sin forzar la velocidad, siempre progresivamente.
Otros ejercicios que vienen bien son las típicas sentadillas, con o sin peso, las zancadas con flexión de una pierna o subir escaleras ( Y bajarlas) todo lo que se pueda, con esto estaremos desarrollando nuestra FUERZA RESISTENCIA.
Por supuesto una buena hidratación, alimentación y el descanso entre sesiones de ejercicio, mejorarán nuestra forma física cada semana. Y recuerda terminar con una sesión de ESTIRAMIENTO de al menos diez minutos, en el que dedicaremos especial atención a la espalda y zona lumbar, los cuadriceps, isquiotibiales y gemelos.
Poco a poco.  Animo y Saludos.

Rutas de un día

Montaña

Relato de una Ascensión alpina

Poco a poco la noche cerrada, va dejando paso a las primeras luces del alba. Son estos instantes los más fríos y también quizá los de mayor emoción. ¿ Que nos deparará este nuevo día? ¿Conseguiremos hacer cumbre?
Las estrellas se van apagando, al igual que lo hacen nuestras linternas. Hacia el este, una tenue luz anaranjada va tomando forma, agrandandose por momentos. Seguimos encordados, zigzagueando en medio del glaciar, dejando ya muy atrás la seguridad y el calor del refugio. A medida que ganamos altura, el paisaje se transforma. Sobrecoge lo diminutos y frágiles que somos, en la inmensidad de este terreno gélido y blanco.
La concentración debe ser máxima, ya que aunque la pala de nieve no sobrepase los 40 grados, cualquier error puede ser fatal. A veces las grietas escondidas se intuyen, otras no y la dureza de la nieve hace que nuestro pensamiento se dirija a nuestros pies y crampones. No tropezar es básico.
Ya intuimos a lo lejos la rimaya, esa grieta que hay que salvar y que da paso a otras y nuevas dificultades. La pendiente se acentúa y la pared de hielo se muestra difícil pero posible. Si ya otros lo hicieron porque no nosotros. Es hora de sacar un segundo piolet y comprobar nuestra técnica en esta comprometida pala. El hielo exterior quebradizo hace que tengamos que dar varios golpes y apuntar bien, para que tengamos que alcanzar una fijación segura para la punta de nuestros crampones y el pico del piolet.
Al fin la pendiente decrece y llegamos a la tranquilidad del collado, es el momento de hacer un receso y observar lo que llevamos hecho. Los pueblos del valle, antes visibles por sus farolillos, quedan ahora apenas imperceptibles por un sol que lo inunda todo. La arista no parece difícil, pero al ser nuestra primera vez y no haber huella, no sabemos que línea será mejor hacia la cumbre, ni cuánto tiempo nos puede quedar.
El paso se ralentiza, la falta de oxígeno se va notando. Vislumbramos a poco más de doscientos metros lo que pudiera ser la cima. Esperanzados, apretamos los dientes y entre varios espolones rocosos avanzamos por un corredor, cuya nieve presenta un blanco con infinidad de brillos y colores.
Al llegar arriba, comprobamos, que hemos llegado a una antecima.. muy típico toparse con esta decepción. Aprovechamos para hacer alguna fotografía. Abro el estuche de cuero de mi cámara Zeiss y tiro dos o tres fotos. El ligero viento se ha acentuado y sacar la mano del guante, supone un riesgo, debe hacerse con gran rapidez.
El cielo de un azul intenso es espectacular, los cirros estáticos y la cuerda que me une al compañero, hacen de éste, un momento que nunca olvidaré.
Reanudamos la marcha, ya con la punta rocosa de la cumbre a nuestro alcance. Unos cientos de metros más sorteando, pequeños riscos entre nieve dura y lejos de la inquietante cornisa y llegamos por fin a nuestra ansiada meta. «Cimaaa»
No da el tiempo atmosférico ni la hora, para grandes alegrías y abrazos, unas nubes oscuras se van acercando por el oeste, tapando ya alguna de las montañas del Macizo. Hay que volver cuanto antes. Nos queda el regreso apresurado, la bajada a veces es lo más difícil.

Montaña, Senderismo, Trekking y aventura, Viajes

Puente de los Poyos y Majada de Quila Dom 12 de Enero

Rutas de un día  El Puente de los Poyos es un arco de granito situado en la Pedriza Posterior y al que en algunas de nuestras excursiones nos dirigimos, bien de paso , porque realizamos otra ruta o bien con el objetivo de llegar solo allí . Desde este sitio es posible reponer fuerzas y admirar el paisaje y a continuación, emprender la bajada o ir a  encontrar la Majada de Quila  u otro de los lugares singulares de la Pedriza.

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«Fue hace 98 años, justo por en estas fechas. Exactamente durante los carnavales de 1914, cuando Juan A. Meliá y José Tinoco, dos históricos montañeros de antaño, fundadores de la sociedad de alpinismo ‘Los Doce Amigos’, hoy Peñalara y que del mismo modo, este año cumple su primer siglo de vida, decidieron aprovechar los días festivos para practicar su afición favorita: salir al monte.

Conviene señalar que entonces no era como ahora, que cualquiera puede coger un vuelo y plantarse en los Alpes, el Atlas o las montañas escandinavas para hacer unas escaladitas en un simple fin de semana y el lunes estar de nuevo en el trabajo. Entonces las cosas eran muy diferentes. Salir a La Pedriza, por ejemplo, que es lo que decidieron aquellos insignes alpinistas, requería esfuerzos parecidos a marcharse hoy de expedición al Kilimanjaro.

Para venir hasta la Pedriza, debían tomar un tren hasta Cercedilla, y una vez allí, ser recogidos por una carreta previamente contratada que les transportaba hasta Manzanares el Real, en un camino por el pie de sierra que les ocupaba una buena jornada de travesía. Una vez en el pueblo, la ruta es bien sabida: echarse a andar Pedriza adentro. Aunque en aquellos tiempos los caminos eran patrimonio exclusivo de cabreros y buscavidas, nada que ver con senderos balizados, chiringuitos en Canto Cochino y guías de recorridos serranos, dicho sea de paso.

Sin dudarlo, recorrieron la garganta Camorza Manzanares arriba, empalmando luego con el cauce del arroyo de la Dehesilla, para plantarse en el centro de la depresión que separa las dos Pedrizas: anterior y posterior, justo donde tiempo después se construiría el refugio Giner, aún en buen uso.

Desde allí, cruzaron el arroyo y comenzaron a ascender por el Circo de La Pedriza hasta plantarse en el centro de la amplia cuenca, en lo que hoy es llamado Los Llanillos. Entonces ocurrió lo que tantas veces: se desencadenó la tormenta. Y empezó a nevar a modo. Tanto nevó, que tuvieron que refugiarse en una oquedad entre las peñas. Lejos de amainar, la cosa fue a más obligándoles a pasar una noche terrible en el improvisado refugio.

A la mañana siguiente continuaba el nevazo. Temiéndose lo peor, Tinoco y Meliá se armaron de valor echándose monte abajo. Descendieron como pudieron por un terreno que la nieve había vuelto inestable y resbaladizo, alcanzando la base de la montaña después de cuatro horas de un arriesgado descenso que, lo reconocieron ellos mismos, a punto estuvo de costarles la vida. Meliá incluyó aquella tremenda aventura en Andanzas castellanas, clásico del alpinismo español que debieran leer todos cuantos deseen conocer como era subir al monte entonces. En el mismo describe la covacha que les amparó y que desde entonces se conoce como refugio de Majada de Quila.

Al contrario que otro refugio cercano, desmontado estos días por una incomprensible fiebre conservacionista de los gestores del parque que, sin embargo, no son capaces de poner en orden los bosques de repoblación del entorno que piden a gritos su arreglo, el refugio de la Majada de Quila se mantiene igual que en 1914. Quién sabe si incluso con las mismas piedras que Meliá y Tinoco utilizaron para levantar el murete que protege su entrada. Visitarlo en estos carnavales, es regresar a los orígenes de nuestro montañismo, al tiempo que se brinda homenaje a aquellos pioneros. Una celebración a la que no ha querido faltar la nieve, que cae copiosa estos días sobre el Alto Manzanares.»  Por Alfredo Merino